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En base a lo que he observado y a mi propia experiencia personal, en la mayoría de los casos, la persona que se acerca a la Metafísica o a cualquier otra disciplina relacionada con lo espiritual
lo hace cuando ya está abrumada por los problemas y la falta de metas valederas para su vida.
Son excepcionales los casos en que una persona cuya vida transcurre sin problemas de ninguna
índole, se acerca a la Metafísica, y cuando esto sucede, casi siempre revela que se trata de un
ser que ya posee un notable nivel de riqueza espiritual.
Pero los casos que nos interesan son los del primer tipo, los de aquellas personas que se acercan
a lo espiritual para intentar alejar todos los dolores de su vida, y es a esas personas a quien quiero hablarles.
El camino hacia la espiritualidad no es algo instantáneo, algo mágico que va a cambiar nuestra
existencia de un día para otro. Nadie puede suponer que, leyendo cinco o diez libros, colgando
angelitos de las paredes, encendiendo sahumerios y arreglando nuestra habitación de acuerdo
a la escuela del Feng Shui árabe-azteca, su vida va a cambiar, porque sí. Los libros, los angelitos,
los sahumerios y todo lo demás son HERRAMIENTAS, son MEDIOS para alcanzar un FIN. Pero
sin esfuerzo en comprender y aplicar en cada acto de la conducta diaria lo que se lee y aprende,
todo lo demás es simplemente, con todo respeto, una payasada.
Imaginen a un aprendiz de carpintero llegando al taller, colocando su serrucho, martillo, clavos y
maderas sobre el banco de trabajo; imaginen que luego de colocar todo allí, se sienta a contemplar
esos elementos, a la espera de que por sí mismos, sin que él mueva un dedo, construyan una silla.
¿Qué piensan de este aprendiz?
Pues bien, aquellos que se inician en el camino espiritual y suponen que con sólo leer y
conmoverse y maravillarse con lo leído alcanza, son al menos tan insensatos como nuestro
aprendiz de carpintero.
Queridos, al comienzo del Camino, la tentación de convertir a estas HERRAMIENTAS en un FIN
en sí mismas es grande, y sobre todo muy cómoda; es muy cómodo decir:
"Ay, estoy practicando Metafísica, ya me leí como treinta libros!
" , y así sentirse bueno y angelical ante los ojos de los demás y ante los propios ojos. Pero esto es un engaño.
La felicidad, las Bendiciones, llegan sólo de la mano de Dios.
Y Dios no quiere que cantemos loas a sus Enseñanzas; quiere que las PRACTIQUEMOS.
Eduardo
Mercer Alsina
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