meditacionoo "Desde Argentina, hoy inicio una Guerra para cambiar al mundo.
 La Guerra tendrá lugar dentro de cada uno de nosotros, para poner
 Luz en donde hay oscuridad, para desterrar nuestros egoísmos, para
 liberar a la parte de Dios que todos llevamos dentro.
 Toda guerra tiene un fin, y ésta también lo tiene.
 Que el Poder máximo en nuestro Mundo sea el Amor, para poder
 lograr así el gran objetivo: Paz."

                                                                                 
Xeitl
 Discutir no implica pelearse; enojarse no implica ira.
Metafisica o
  Inicio Perdón por no estar aquí
 
Esta colaboración ha sido enviada por Paola Carco. Es un texto hermoso y conmovedor, y una vez
 más, el mensaje es el mismo:

 Lo que se aprende, lo que se lee, lo que se predica, si no se aplica en la conducta
 diaria  ... NO SIRVE.

 

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Perdón por no estar aqui

"Había una vez una mujer muy piadosa, que infaltablemente
acudía  todas las mañanas a rezar a la capilla de su barrio.
Día tras día, lloviese  o hiciese sol, estuviera sana o enferma,
pasase lo que pasase, como  un reloj, a las siete en punto
de la mañana, era la primera persona en  llegar a la capilla,
empujar la puerta y entrar a rezar.

Una mañana, despertó sobresaltada. ¡Se había dormido!
¡Eran las siete menos diez, y no llegaría a horario a su cita
diaria!
A toda carrera se levantó, se peinó a las apuradas y se vistió
como pudo. Con la ropa medio arrugada y los cabellos medio
desordenados salió velozmente de su casa y enfiló rumbo a
la capilla.
Apenas hubo salido, casi tropieza con un viejito que venía a
duras penas en una bicicleta, y al cruzarse con ella perdió
el control del vehículo y cayó de boca al suelo.
Lamentablemente la mujer iba muy apurada como para
detenerse, así que apenas logró esbozar una disculpa y
continuar en su carrera.

Una cuadra después, se le cruzó una mujer que le pidió una
ayuda para poder pagar una consulta en el hospital.
"Perdone, estoy apurada", alcanzó a decir sin detenerse y
continuó su veloz marcha.
Apenas hubo logrado zafar de la mujer, se le cruzó un niñito
que le pidió un poco de pan. "Disculpá, hijito, pero tengo
una cita con Dios y no puedo llegar tarde. Otra vez será", y
siguió su interrumpido camino.

Cuando por fin llegó a la capilla, miró de reojo el reloj.
¡Eran las siete  en punto! ¡¡Lo había logrado!!
Embargada por la emoción de no haber fallado a su cita,
empujó como de costumbre la puerta de la capilla, pero...
no se abrió.
Volvió a empujar con más fuerza, y nada. ¡Qué extraño!
Jamás en los doce años que llevaba con su diaria rutina, había
encontrado la puerta cerrada.
De pronto notó que había una nota clavada con una chinche en
la puerta de la capilla. Desconcertada, la desclavó y la leyó.
La nota, garrapateada como con apuro decía:

"Perdón por no estar aquí. Esta mañana tuve un accidente en la
bicicleta, y encima después no pude conseguir plata para ir al
hospital, ni un poco de pan para desayunar, así que es probable
que llegue un poco tarde.
Firma: Dios".



 

 

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