meditacionoo "Desde Argentina, hoy inicio una Guerra para cambiar al mundo.
 La Guerra tendrá lugar dentro de cada uno de nosotros, para poner
 Luz en donde hay oscuridad, para desterrar nuestros egoísmos, para
 liberar a la parte de Dios que todos llevamos dentro.
 Toda guerra tiene un fin, y ésta también lo tiene.
 Que el Poder máximo en nuestro Mundo sea el Amor, para poder
 lograr así el gran objetivo: Paz."

                                                                                 
Xeitl
 Enojarse no debe implicar ira, así como discutir no debe
 implicar pelear.
Metafisica o
  Inicio  Ganar porque sí, una de las actitudes a eliminar
 
Texto por Eduardo Mercer Alsina.
 
Imaginen la siguiente escena. Van manejando su auto por la ruta, y de repente se encuentran con
 otro auto que va marchando lentamente por el carril derecho. Ponen la luz de giro, y se disponen a
 pasarlo. Pero ... en cuanto comienzan a pasarlo, el otro conductor comienza a acelerar, como si de
 repente se hubiera dado cuenta de que iba muy despacio. Usted acelera más, pero es inútil, el otro
 conductor no permite que usted lo pase. Finalmente, usted desiste de pasarlo, ya que ahora usted
 está circulando a la velocidad que deseaba, y el otro conductor, a una velocidad mucho mayor.
 ¿Qué sucedió? ¿Qué fue lo que disparó así la mente del otro conductor, obligándolo a cambiar su
 ritmo de manejo?

  La tonta, típica, casi imbécil actitud humana: Tengo que ganar, porque sí.

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 Imaginen un momento. Posiblemente el otro conductor iba disfrutando del viaje, escuchando
 tranquilamente la radio o charlando con su esposa y sus hijos, cuando de repente algo lo
 molestó.

 - ¿Un auto me va a pasar? ¿A mí? ¿Un auto más viejo / menos caro / menos potente /
 manejado por un viejo / manejado por un imberbe / (tachar lo que no corresponda) me va a pasar
 a mí? No lo voy a permitir! -

 Y entonces acelera, rompiendo el momento de calma que estaba viviendo, y de paso poniendo
 en peligro la vida del otro automovilista, la suya propia y la de su familia.

¿Y para qué lo hizo? Para que una vez que logró no ser superado, simplemente decir:

 - Já, le gané! -

 ¿Qué ganó? Nada.
 ¿Perdió algo? La serenidad, la hermosura del momento que posiblemente estaba viviendo.
 ¿Ganó algo? No, simplemente una sensación de "victoria" digna de un imbécil o un loco.
 ¿Pudo perder algo más? Efectivamente, si de la mano contraria hubera venido otro vehículo y
 gracias a su "madura actitud" se hubiera producido un choque, casi seguro que su propio vehículo
 habría sido golpeado.

 Y también existe el caso contrario, pero no por ello menos patético. me refiero al conductor que
 maneja  un vehículo viejo, o lento, o viejo  y lento, y en una ruta de mucho tránsito se las ingenia
 para impedir que  los demás vehículos puedan sobrepasarlo.

 ¿Qué gana con esta actitud? ¿Logra que su vehículo vaya más rápido, al impedir avanzar a los
 demás? ¿O simplemente siente placer al impedir que los demás avancen más rápido, ya que
 él mismo no está capacitado para hacerlo?

¿Quiere leer algo gracioso? Una vez viví una combinación de ambos casos. Iba por la calle con
 mi auto (un vehículo de unos 12 años de antiguedad)  y me dispuse a pasar a un viejo y maltrecho
 autito que marchaba lentamente. ¿Qué hizo el conductor del otro auto, en cuanto notó que iba a
 pasarlo? Aceleró como loco, evitó que lo pase y se alejó a toda velocidad.
 ¿Qué logró? Que a las pocas cuadras lo encontrara tirado a un costado y con humo saliéndole
 de todos los lados posibles! Qué tipo piola, este caballerito!

 Lamentablemente estas actitudes no se limitan a situaciones de manejo de vehículos en las rutas.
 Si observamos con atención suceden a diario, en casi todos los aspectos de la vida.
 
 Actitudes como las del primer caso son las que llevan a enfrentamientos entre hinchadas de
 fútbol rivales (hábilmente capitalizadas por los dirigentes deportivos) y entre partidarios de
 distintos partidos políticos (también hábilmente capitalizadas por los dirigentes políticos).
 Finalmente, esa actitud de "hay que ganar" es la que aprovechan los gobiernos para que sus
 habitantes vayan a las guerras convencidos de que "van a defender a la Patria", cuando en
 realidad lo que van a defender son los intereses económicos de aquellos que manejan los
 gobiernos.

 Actitudes como la del segundo caso se ven a diario en casi todos los ámbitos: el oficinista
 que tiene un compañero que es mejor trabajador que él, y en vez de esforzarse y mejorar
 para igualarlo, prefiere hablar mal de él; el jefe que por celos de un subordinado brillante, lo
 humilla continuamente en lugar de alentarlo para que alcance su máximo potencial; el padre
 que siente envidia porque su hijo tiene todo el futuro por delante, y en lugar de apoyarlo, lo
 ataca, cuestiona, juzga y critica continuamente. Piense en relaciones de pareja, de familia, de
 amistad; verá que halla otros ejemplos.

¿Conclusión?

 Observe su comportamiento. Fíjese si cada paso que va a dar, si cada opinión que va a emitir
 no está infectada por alguna de estas actitudes.

 DESTIERRELAS PARA SIEMPRE.

 Por su bien, y por el bien de todos nosotros.

 

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