karmaoo "Desde Argentina, hoy inicio una Guerra para cambiar al mundo.
 La Guerra tendrá lugar dentro de cada uno de nosotros, para poner
 Luz en donde hay oscuridad, para desterrar nuestros egoísmos, para
 liberar a la parte de Dios que todos llevamos dentro.
 Toda guerra tiene un fin, y ésta también lo tiene.
 Que el Poder máximo en nuestro Mundo sea el Amor, para poder
 lograr así el gran objetivo: Paz."

                                                                                 
Xeitl
 Qué gran negocio sería comprar hombres por lo que
 valen, y venderlos por lo que creen valer ...
o o
  Inicio  La Alegoría de la caverna
Texto por Eduardo Mercer Alsina
 
¿Qué es la realidad? ¿Cómo estar seguros de que lo que nuestros sentidos nos indican, es lo
 real? Quien haya visto la película Matrix (la primera), habrá escuchado a Morfeo hacer esta pregunta
 a Neo, en la escena de la pastilla roja y la pastilla azul, si mal no recuerdo; de hecho, casi toda la
 película se hace este cuestionamiento una y otra vez.

Pero este cuestionamiento es antiquísimo, posiblemente tanto como el Hombre. El Budismo sostiene
 que vivimos dormidos, soñando lo que consideramos nuestra vida "real" hasta que despertamos
 (al conocimiento) y vemos la realidad.

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Otras escuelas filosóficas dicen que estamos acostumbrados a ver la vida desde nuestro Yo inferior, y que
 mediante el esfuerzo del aprendizaje se logra subir nuestro nivel vibracional hasta lograr ver la vida desde
 nuestro Yo Superior. 

 Mi amigo Angel Reinhardt  me explicó que  "San Pablo dice que vemos las cosas "reales" a través de un espejo
 distorsionador, y Platón nos da el Mito de la  caverna con un significado similar."

 Y continúa: "Todas las filosofías y religiones, desde su tiempo y espacio, tratan  de explicar ciertos misterios
 de la evolución  y dar herramientas (para lograr el conocimiento)."
 "Se dice que son partes importantes del Sendero: La meditación, el estudio y el servicio desinteresado."

 "Y tantas otras."

 "Y cada cual irá dando mas énfasis a ésto ó aquello según le toque en destino de tanto en tanto."
 "Por suerte tenemos la eternidad para ir comprendiendo y todo lo demás."

 Como podemos ver, cada doctrina, cada religión, cada escuela filosófica explica exactamente lo mismo, de
 una manera diferente, de forma tal de brindarnos el camino, la herramienta, el estilo que mejor se adecue
 a nuestro gusto, a nuestra capacidad y a nuestro medio cultural (o sea, al país y región donde se desarrolla
 nuestra existencia). 

Bien entonces, aprovechemos esta "herramienta" que nos ha legado el buen Platón y veamos qué podemos
 aprender:

 
 

 

Sócrates: ...En una caverna subterránea, con una entrada tan grande como la caverna toda, abierta hacia la luz,
imagina hombres que se hayan ahí desde que eran niños, con cepos en el cuello y en las piernas, sin poder
moverse ni mirar en otra dirección sino hacia delante, impedidos de volver la cabeza a causa de las cadenas.
Y lejos y en alto, detrás de sus espaldas arde una luz de fuego, y en el espacio intermedio entre el fuego y los
prisioneros, asciende un camino, a lo largo del cual se levanta un muro, a modo de los reparos colocados entre
los titiriteros y los espectadores, sobre los que ellos exhiben sus habilidades.

Glaucón: Me lo imagino perfectamente.

Sócrates: Contempla a lo largo del muro hombres que llevan diversos vasos que sobresalen sobre el nivel del
muro, estatuas y otras figuras animales en piedra o madera y artículos fabricados de todas las especies... ¿crees
que los prisioneros puedan ver alguna otra cosa, de sí mismos y de los otros, sino la sombra proyectada por el
fuego sobre la pared de la caverna que está delante de ellos? ...¿y también de la misma manera respecto a los
objetos llevados a lo largo del mundo? Y si pudieran hablar entre ellos, ¿no crees que opinarían de poder hablar
de estas [sombras] que ven como si fueran objetos reales presentes? ...Y cuando uno de ellos fuese liberado, y
obligado a alzarse repentinamente, y girar el cuello y caminar, y mirar hacia la luz... ¿no sentiría dolor en los ojos, y
huiría, volviéndose a las sobras que puede mirar, y no creería que estas son más claras que los objetos que le
hubieran mostrado?... Y si alguien lo arrastrase a la fuerza por la espesa y ardua salida y no lo dejase antes de
haberlo llevado a la luz del sol, ¿no se quejaría y se irritaría de ser arrastrado, y después, llevado a la luz y con
los ojos deslumbrados, podría ver siquiera una de las cosas verdaderas?

Glaucón: No, ciertamente, en el primer instante.

Sócrates: Sería necesario que se habituase a mirar los objetos de allá arriba. Y al principio vería más fácilmente
las sombras, y después, las imágenes de los hombres reflejadas en el agua y, después, los cuerpos mismos;
en seguida, los cuerpos del cielo, y al mismo cielo le sería más fácil mirarlos de noche ...y, por último, creo, el
mismo Sol... por si mismo, ...Después de eso, recién comprendería que el Sol... regula todas las cosas en la
región visible y es causa también, en cierta manera, de todas aquellas [sombras] que ellos veían... Pues bien,
recordando la morada anterior, ¿no crees que él se felicite del cambio y experimente conmiseración por la suerte
de los otros?... Y considera aun lo siguiente: si volviendo a descender ocupase de nuevo el mismo puesto ¿no
tendría los ojos llenos de tinieblas, al venir inmediatamente del Sol?... Y si tuviese que competir nuevamente con
los que habían permanecido en los cepos, para distinguir esas sombras, ¿no causaría risa y haría decir a los
demás que la ascensión, deslumbrándolo, le había gastado los ojos?... Pero si alguno tuviese inteligencia...
recordaría que las perturbaciones en los ojos son de dos especies y provienen de dos causas: el pasaje de la
luz a las tinieblas y de las tinieblas a la luz. Y pensando que lo mismo sucede también para el alma... indagaría si,
viniendo de vidas más luminosas, se encuentra oscurecida por la falta de hábito a la oscuridad, o bien si,
llegando de mayor ignorancia a una mayor luz, está deslumbrada por el excesivo fulgor.

 

La República. Platón. Libro VII, 1-3, 513-18. Trad. De R. Mondolfo

 


 

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